Líderes siervos

Juan el Bautista: modelo de servicio y liderazgo cristiano

En el evangelio de Juan se lee una afirmación hecha por Juan el Bautista a sus propios discípulos acerca de la autoridad de Cristo: “A él le toca crecer, y a mí menguar” (Juan 3:30, NVI).

La controversia entre los discípulos del Bautista se había originado en razón de los ritos de purificación y el hecho de que Jesucristo[1] estaba bautizando y todos acudían a él (v. 26). 

La Palabra de Dios indica que en Juan el Bautista era hijo de Zacarías y Elizabeth, descendientes de Aarón, padres extraordinariamente piadosos (Lucas 1:5). Elizabeth era prima de la virgen María, que pertenecía a la tribu de Judá (v. 36). Vila-Escuain indican sobre Juan el Bautista lo siguiente:

Zacarías estaba cumpliendo su función sacerdotal quemando el incienso en el templo de Jerusalén, cuando se le apareció el ángel Gabriel. Éste le prometió un hijo, que se debería llamar Juan, y que debería ser criado como nazareo, a semejanza de Sansón y de Samuel. El ángel le anunció también que el niño sería lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento, y que estaba llamado a preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto (Lucas 1:8-17).

Este pueblo “bien dispuesto para recibir al Señor” (NVI) fue el pueblo que crucificó a Cristo y que vio el decapitamiento de Juan el Bautista luego de un tiempo de rechazo a su obra profética y precursora. Fue este Juan el Bautista de quien Jesús indicó que era “más que profeta” (Mateo 11:9) y que “entre los mortales no se ha levantado nadie más grande que Juan el Bautista” (v. 11). Este elogio le fue concedido por el Señor luego de que Juan fuera aprisionado por Herodes, y que en medio de su angustia o abandono[2] enviara a sus discípulos a preguntarle si él era el Mesías Prometido. De este Juan el Bautista se oyó decir que sería “un gran hombre delante del Señor…lleno del Espíritu Santo aún antes de su nacimiento” (Lucas 1:15) “con el Espíritu y el poder de Elías para reconciliar a los padres con los hijos y guiar a los desobedientes a la sabiduría de los justos.” (v. 17). Sin embargo, también Cristo dijo de él que “el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él” (Lucas 11:11).

Una vez que este hombre, profeta y siervo de Dios cumpliera su misión hasta la muerte (Mateo 14:10), sus palabras a sus discípulos hicieron eco en sus mentes y corazones de modo que siguieron a Cristo, el Cordero de Dios (Mateo 14:3-12; Marcos 6:16-29; Lucas 3:16-20).

Juan el Bautista es un modelo más de servicio y liderazgo cristiano. En pocas palabras se puede afirmar que el suyo fue un ministerio de “cero protagonismo”; habló y predicó a la sombra de Cristo de quien dijo que no era digno ni siquiera de desatar la correa de sus sandalias (Juan 1:27). Soportó la oposición y vivió en medio de las privaciones de los votos estrictos de los nazareos; allí en el desierto confrontó el pecado de los líderes espirituales de su época y no temió denunciar “las obras infructuosas de la oscuridad” (Efesios 5:11), acción que le costó la vida en este mundo.

Llamados siervos de Dios o líderes cristianos, en realidad “por sus frutos serán conocidos” (Mateo 7:15-20) todos aquellos que se unan en torno a la misión y visión de la Iglesia. Que Dios nos ayude a comprender el alto costo e infinito valor de seguir a Jesús.


[1] No Jesucristo sino sus discípulos según Juan 4:2.

[2] Así deducen Vila-Escuain.

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